Notas que se agolpan ideas en tu mente, que repiquetean una y otra vez contra las esquinas de tu cabeza, tu flujo sanguíneo comienza a acelerarse en un intento suicida de salvación...que sólo consigue sonrojarte las mejillas.
Y al final, nada.
Tu cerebro no manda las órdenes pertinentes a tu lengua, laringe, músculos y labios. No reaccionas.
Ahora, el paladar te sabe a agrio y la bilis se te ha revuelto, te quedas pálido.
- Bueno... ¿qué querías decirme?
- Nada, nada, no era nada. Déjalo.