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17 enero, 2010

Sin

El constante sinsentido de agradar a quienes no te agradan, de aprobar por medios que desapruebas y de reír sin aire en los pulmones.

09 enero, 2010

Friends will be friends... (?)


Ayer me encontré un libro que debía de tener unos 10 años. Fue un regalo por mi cumpleaños, me hizo gracia, era uno de esos del barco de vapor, con dibujos chillones y apenas 50 páginas. Abrí la primera página y en ella había una dedicatoria " a mi mejor amiga".

Esa misma tarde recibí una llamada de un número desconocido. Tachán, a veces el destino se pone juguetón. Era aquella amiga, aquella que hace un año a la que no veo, que hasta hace poco vivía a una manzana y con la cual en la infancia más temprana tantas cosas pasé. Y en la adolescencia. Quería saber cómo estaba, esas cosas de ahora qué tal te va, qué tal los estudios, qué haces, cómo está la familia, el novio... blá.

Cuando colgué me quedé largo rato sorprendida ante aquello. No ante la coincidencia, ante las cuales ya no me asombro (¿me estoy haciendo mayor?),si no más bien hacia el concepto.

La Amistad con mayúsculas es fuerte y resiste durante mucho tiempo, pero un día, como si de unas zapatillas gastadas se tratara, se roen y olvidan.

De pequeños todos teníamos un mejor amigo, esa persona que sin saber cómo, (por cercanía o comodidad casi siempre), iba contigo a todos lados y compartía su almuerzo, tus cromos, y jugaba contigo en el recreo.
Creces, y con el nuevo cuerpo y la crecida insolencia, tu compañero de mesa se hace el nuevo mejor amigo - a veces se mantiene el de los cromos-, y ahora compartes cotilleos, risas, hormonas.
Con la edad y los cambios que conlleva -en parte por el sistema educativo-, se pierden la mayoría de estas últimas, personas con las que has pasado años de transición tan importantes, y que un día ya no vuelves a ver. O si lo haces, es otro ser al que ni reconoces, ni quieres reconocer.
Ahora, eres pseudo-adulto y tienes una amplia gama de conocidos y 'adheridos', de los cuales casi no conoces ni sus apellidos, pero que te sirven para un apuro y para unas risas.

¿Y qué haces?. No lo sé, yo me lo pregunto y obtengo que siempre intenté mantener, más o menos, aquellas amistades valiosas, aquellas que de verdad servían para algo más o tuvieron un significado. Muchas veces (más de las que pensaba hasta esta reflexión) con más fracasos que éxitos.
Pero ahora siento vértigo entre números de teléfono, contactos y conocidos... ¿Qué y por qué es un amigo?...

04 diciembre, 2009

De acero


- Parece que las piezas vuelven a encajar...
- De un modo u otro nunca dejaron de hacerlo, ¿sabes?, hasta el acero es maleable.
- Ya, pero necesita mucho calor para serlo, y no nos preocupamos de poner ni la mitad. El acero, sin tratar, es más duro incluso que tú.

18 septiembre, 2009

Cerveza, pantalla, libro.

Me he dado cuenta de que desperdicio mis días con conversaciones insulsas, frente a cervezas, frente a pantallas y frente a hojas con miles de letras que dicen mucho pero en el fondo no explican nada.

Creo que al fin y al cabo puede decirse que después de... un verano, soy más consciente de mi misma.

Pues qué bien.

10 mayo, 2009

Comic sans es una letra para fracasados.


Mi reflexión del día

31 marzo, 2009

Que estoy mu bien...

Estoy así de bien...

Llevo un tiempo considerable alejada de estos mundos de Dior, no sé, no tengo nada nuevo que decir.
Bueno, miento, sí que tengo cosas que decir, pero como dicen en las películas "si no tienes nada bueno que decir...".
Vale, joder, eso también es mentira. Tengo muchas cosas buenas que decir, pero a la hora de ponerme a escribir esas cosas no me salen con fluidez, me parece repipi, me parece absurdo, quizás hasta prepotente... tal vez.

Tal vez en otro momento habría venido aquí corriendo y habría blasfemado, me habría cagado en los muertos de X o quizás habría escrito un relato hiriente sin nombrar a nadie, no lo sé, seguramente eso último; no sería la primera vez. Pero aquellos tiempos eran otros tiempos. De resentimiento, de odios enterrados bajo indiferencias... Creedme eso no es bueno.

Pongamos por caso; me enfadé con alguien bastante hace unos... 3 años. A través de una indiferencia fingida por el daño que me había hecho fui enterrándole, como si no hubiera existido; me costó mucho, sí.
De cara a la galería no me importaba lo más mínimo, y con el paso del tiempo y viéndolo todo desde la perspectiva real, a día de hoy no me importa en absoluto; es más me alegro de que terminara. Pero aún cuando veo a esa persona me duele, siento una enorme punzada en el estómago y trato de evitar saludarle. Aún hoy me quedan resquicios, no del dolor que me infligió sino del triste proceso de eliminación de esa persona de mi vida a base de rencor.

Ahora, sin embargo, soy una persona mucho más... meditabunda (qué palabreja, eh), tengo apoyos sólidos y no me duele tanto que me den unos cuantos puñetazos en el estómago: al menos tengo a quien me recoja y me dé unos cuantos puntos después de la paliza -metafóricamente, claro, aún no tengo amigos diplomados/licenciados en enfermería o medicina-.

Recientemente me enfrenté a un proceso similar al antes comentado, quizás peor; esta vez se trataba de una amistad profunda, amistad a su modo, extraña, pero amistad. La decepción fue incluso peor; de un amigo no te esperas cosas así. Ahora bien, supe enfrentarme a las cosas, llamarlas por su nombre y cortar de raíz pero sin rencor. Ahora experimento algo distinto a aquel rencor de hace 3 años, mejor, creo, y puedo alegrarme por ello.

Creo que soy una persona mejor gracias a las personas que están en mi vida, claro, pero también a las que he eliminado (o más bien se han borrado ellas mismas), y puedo ir dando gracias porque me consta que no todo el mundo puede decir eso. Los parásitos y aquellos que no entienden la relación de reciprocidad deberían ir yéndose como vinieron, al menos espero que en mi caso así sea. Y os insto, porque uno se siente mejor.
Y sentirse mejor, sentirse bien, parece casi prepotente. Muy poco literario sin duda, poco decadente, poco atractivo. Así lo veía yo, y así lo veo hoy para la literatura o el cine, para todo lo demás, un poquito de sentirse bien nunca está de más.


Vale todo esto era por escribir algo, porque si no publico ya pronto me olvidaré de la contraseña y me perderé y me da pena. Pronto volveré con cosas mejores, (no es difícil), I promess ( a mí misma aunque sea).

05 enero, 2009

Anticipaciones.

Con la experiencia que da la vida, y eso que la mía es relativamente corta, he podido ir completando ciertos esquemas en mi mente acerca de las relaciones sociales, hoy vengo a referirme especialmente a las románticas, por nada en especial, por esto y aquello, por lo de más allá.

Algo que me sorprende a menudo es cómo la gente cae siempre en los mismos errores; seas inteligente, estúpido, alto, gordo, rubio, bajito, quinceañero, zurdo, anciano... irremediablemente caerás amigo mío: todos caemos en las mismas trampas.

Todos tenemos unos esquemas, pensamientos, creencias, unas ideas preconcebidas que se van formando a lo largo de nuestra vida (nuestro mundo cognitivo), que determinan nuestras futuras relaciones con el mundo y con los seres sociales que en él habitan. Pues bien, aquellos referidos a las relaciones afectivas son de lo más complejo, pensemos si no en cualquier situación de la vida diaria.
Tienes un problema y se lo cuentas a un amigo, ¿qué esperas de tu amigo? quizás esperes simple comprensión, o consejo, o un abrazo, o quizá no esperes nada. Ahora viene lo bueno, ¿cómo se supone que ha de saber tu amigo lo que se espera de él sin que tú lo verbalices?. Pues podríamos aplicar esto a infinidad (si no a la totalidad) de relaciones humanas. Esperas que tu novio se acuerde de todas y cada una de las cosas que tú consideras importantes, o que tu hermana hable contigo cuando tiene un problema, o esperas que tus amigos se preocupen por tus estudios y te echen una mano, que tu ligue del sábado te llame... o simplemente que el chino de la esquina te salude porque siempre vas a comprarle tangas de 1€, quién sabe.

Pero eso no ha de ser necesariamente igual en el mundo cognitivo del otro sujeto, y pese a que parece una perogrullada, algo básico que todo el mundo ve y además comprende, no es en absoluto así. No lo entendemos y no queremos entenderlo, preferimos pensar que todo el mundo está en nuestra contra, que el mundo es injusto, que somos unos desgraciados o que siempre tenemos problemas antes de afrentar la realidad de forma realista: cada uno tiene unas expectativas y si no verbalizamos las nuestras no podrán ser cumplidas con facilidad.
Quizás por suerte se vean cumplidas, pero desde luego hay un margen de error, de azar, que no reconforta, que puede evitarse y evitarnos disgustos, malos ratos, situaciones al fin y al cabo innecesarias.

Por eso amigos, os insto a los dos o tres que me leéis, a aquellos que por casualidad lleguéis a leerme un día, a hablar. Hablad, pedid por esa boquita piñonera, decidle a vuestros amigos lo que esperáis de ellos, decídselo a vuestra familia y sobre todo, puesto que estos dos grupos pertenecen básicamente a aquella gente que pase lo que pase estará ahí; decídselo a vuestras parejas que son aquellos que puede que se encuentren en una posición más volátil, más febril respecto a vuestras expectativas y deseos.

Seamos felices coño, que ya hay bastantes desgracias por el mundo, las vemos todos los días en Gaza, en toda África, en Vietnam, en Sudamérica, en nuestras ciudades todos los días a menor escala... Seamos felices ya que nos han hecho ese regalo, apreciemos las vidas tan fáciles que nos han tocado por azar y no las llenemos de problemas falsos cuando podemos vivir tranquilos y ocupar la cabeza para otros menesteres. Hablemos y compartamos, empleemos los mecanismos que también por azar -o no tanto, ese es otro tema- nos ha brindado la evolución. Vivamos mejor, amijos, ya que podemos.

Y perdonad que me ponga tan estudiante de psicología pero es que cuando veo que mis ideas tienen cierta base científica en esta disciplina me emociono toda.

24 diciembre, 2008

Cuando eres pequeño las vacaciones de Navidad molan, molan mucho.
Tienes un montón de días por delante sin nada que hacer, miles de cajas con sorpresa por abrir, de papel de colores que desparramar...lo de menos es lo de dentro (que por lo general no suele ser lo que tú querías), sonríes, comes como un animal, juegas con tus primos...Disfrutas, en fin.
Pasas la noche en vela esperando a que el gordo americano o los tres de Oriente depositen con cuidado tus paquetes bajo el árbol, en la chimenea, donde sea. Les preparas leche, galletas, nueces, incluso algún padre ávido de emociones sugiere que le pongan algo de champán o whiskazo para que se repongan estos seres mágicos.
Es bonito ver cómo nos pueden llegar a engañar con unas cuantas absurdar triquiñuelas, supongo.
Estas son las Navidades que menos ganas tengo de celebrar. No por nada en especial -gracias a (introducir nombre de ser falso)-, sino porque esa magia se perdió hace siglos y parece que nada queda del espíritu navideño...
Parece que aquellos con quien más ansiamos estar, el verdadero regalo que necesitamos, está lejos, muy lejos.
Te sientes bien por saber que hay un regalo esperando para ti, pero te desesperas al saber que el tuyo llegará tarde y cuando puedas sonreír agusto ya habrán pasado estos momentos mágicos (del corte inglés).

En realidad es absurdo lo que digo, lo sé, (sé que son unas fechas absurdas prefijadas al azar y ya) pero por mucho que intento dilucidar algo en mi mente y escribir algo lógico no me sale. Lo siento.

Definitivamente sólo me da por escribir aquí en los días grises. Hoy, pese a las luces en las calles, pese a las guirnaldas es un día muy gris.

19 noviembre, 2008

Mal, mal, mal. Cuando actúas mal, no queda otra que la rectificación.
¡Benditas disculpas!, bendita gente, esa que nos hace caer en la cuenta de que hemos actuado mal, por muy doloroso que sea (esa gente por desgracia suele ser la más afectada y a la vez la más cercana).

Estoy machacada por la aplastante claridad de lo mal que he actuado, sí, pero a la vez no puedo dejar de sentirme renovada.
Se suele decir que es de sabios reconocer los errores, que hay que aprender de ellos... Los errores son una mierda, sinceramente hablando, pero están ahí, nadie puede escapar de esos venenosos dardos y lo más reconfortante es pensar que hemos aprendido algo. Que así sea, hermanos.

El orgullo es otra mierda. Es uno de mis grandes lastres. Es absurdo, no sólo no sirve de nada, sino que nos condiciona, nos hunde en nuestra ignorancia, en nuestra miseria más terrible.
Odio ser una persona orgullosa e incapaz de reconocer sus fallos, lo odio y lucho contra ello, y me cuesta, y me doy de bruces con la realidad de la humildad. Odio muchas cosas de mí misma, pero el orgullo es de las más terribles.
Hoy me ha ocurrido y me gustaría creer que no volveré a actuar así, por lo menos creo que las bases están sentadas... Ahora sólo cabe... esfuerzo, como siempre.

Espero volver en unos meses y ver que he cambiado en algo, por ello, en parte, escribo estas cosas.

16 noviembre, 2008

Aquí, seguro de hacer lo incorrecto.

Por casualidades de la vida hallóme aquí otra vez, después de bastante más tiempo del que esperaba.

Entre otros menesteres últimamente escucho música que me resulta extraña. Bunbury es un ejemplo (por él va el título, por su magnífica canción incluida en 'Hellville deluxe').
Héroes me encanta pero eso entra dentro de la normalidad. Pero Bunbury y sus canciones con el toque julioigleisiástico... aún me asombro en ocasiones saliendo de mi propio cuerpo y viéndome tararear cosas del tipo "quiero que seas feliiiiz aunque no seaaa coooonmigooo".
No doy abasto en realidad con la música nueva que llega a mis manos o y con la que se me ocurre poner a bajar.


En otro orden de cosas (me parece feo volver sin traer nada nuevo), me saqué el carné. Todito a la primera, tampoco me ha costado tanto... menos un episodio que quedará para mis Anécdotas estúpidas de persona torpe y despistada a más no poder... Sí, el día que me iba a examinar me presenté con DNI caducado... pero bueno no me corrieron convocatoria ni nada y a la semana siguiente con el maldito documento calentito aprobé.


Creo que en este recuento de cosas tontas de los últimos tiempos tiene una mención muy especial el motivo que me ha alejado de esto, en su gran parte. La facultad. La facultat de Psicología de València está tomada por las tiendas de campaña, los sacos de dormir y las pancartas a cual más ingeniosa en contra del proceso de Bolonia.
Cada poco salimos de manifestación y la verdad es que parece que la liamos bastante -el pasado jueves fuimos unos 4000 dejándonos la voz y las piernas-, aunque como siempre, las cosas llegan tarde.
No hay vuelta atrás, amigos, nos la han vuelto a endiñar a lo grande. Pero bueno, no me apetece extenderme, no estoy muy reivindicativa a estas horas con esta gripe y este agotamiento. Otro día quizás me extienda más.

Respecto a la carrera, no, no es lo que me esperaba. Es cierto que me metí un poco a lo loco y es cierto que la idea que se tiene por lo general de lo psicología -supongo que como en todas las disciplinas- no se parece en nada a la realidad. Me gusta, sí, pero el primer curso es bastante pesado, bastante teórico...
Mi clase no está mal, más preocupados -como buenos universitarios que somos- de salir todos los jueves, y de ir de quintos, que de ir a clase... Pero sin duda esa es una de las cosas que más ansiábamos, esa falsa libertad que creemos tener.


Y en fin, la vida continúa, el mundo sigue girando y yo... odio el frío.
En estas épocas suelo estar constipada, suelo tener alguna extremidad congelada sin motivos y suelo estar triste, soy algo débil para estas cosas qué le vamos a hacer. No me gustan el otoño ni el invierno, ni la lluvia, ni el frío, ni que anochezca pronto, no soy nada poética. Siempre he sido más práctica que poética.

Y es cierto que desde el verano vivo una época relativamente dulce. Las fiebres del enamoramiento nos suelen atontar, sí, nos dan algo de calor, pero si esas fiebres vienen acompañadas de duras dosis de realidad, todo vuelve a ser menos poético.
Siempre he pensado que yo no valía para esta clase de cosas, observaba a los hombres como un modo de diversión, de enriquecimiento, de autosatisfacción... Y cuando eso cambia te preocupas, te dices "¿me estaré haciendo vieja?", "¿resultará que después de todo soy medio normal?".
Pero no, vuelvo a la realidad y me digo, qué coño, tu historia -como no podía ser de otra forma- es compleja, está llena de rarezas... te gustan las cosas complicadas, con miga.

Al final igual sí que soy un poco poética, porque siempre pensé que el amor debía ir acompañado de estas viscisitudes, las cosas fáciles, amigos, no valen.



Espero volver en breve y contar menos mierda, hasta pronto.

15 septiembre, 2008

Papel azaroso



Sin saber cómo ni por qué aquella hoja había entrado por la ventana.


Era casualidad, pues entre la mole de edificios que sembraban la ciudad, no había uno solo que tuviese las ventanas bajadas, todas estaban abiertas de par en par, y precisamente fue a entrar aquí, en mi cuarto.


Me quedé mirándola un buen rato. ¿Por qué habrá entrado?


A los seres humanos nos gusta creer que el azar determina en algo nuestras vidas, que algo mágico las controla... Pues bien, si les digo la verdad, el azar no sirve de nada.
¿Sirve de algo preguntarnos por qué o preocuparnos por cómo nos afecta algo que por definición es "accidental"? .
Más vale tratar de cambiar las cosas: el esfuerzo, y no el azar, es lo que nos determina.
Aceptar las coincidencias cotidianas como naturales es lo más sano.


Cogí la hoja y la guardé en un libro.

Salí a la calle con la cabeza alta y desafiando con la mirada al viento transparente.