07 octubre, 2010

Flores exentas de maceta


Mientras me sentaba en aquel bar que denominaría poco menos que de "post-moderno", entendiendo moderno por nuevo o si me permiten ser algo más flexible, por limpio, ordené la primera tacita de cafeína líquida.
La ordenaba, me la servían. Todo era perfecto, si no fuera por el pequeño detalle de que más tarde tendría que abonar su precio. Pero ya solucionaría eso en otro momento.

Bolsos Louis Vuitton falsos, bicicletas de niño llevadas por universitarios. Zapatillas de deporte excesivamente grandes y best-sellers que pretenden mantener a sus febriles lectoras en vilo hasta la última página. Pero todos sabemos cómo acaba. Un par de blackberrys, gente mascando chicle con la boca abierta. C'est magnifique.

Supongo que la sociedad no necesita ser salvada. Supongo que estaba equivocada y he tirado tantos años de mi vida, que ponerme a contarlos sólo haría que cuando volviera a pasar la camarera pidiera un carajillo bien cargado. Y no me podía permitir eso. No con la cadenita colgada en mi muñeca que señalaba que ya eran 60 días.